Irlanda no se acaba en la costa.

Keem Bay, Achill Island
Keem Bay, Achill Island

Antiguas ruinas, vibrantes veladas de música tradicional, playas escondidas, senderos salvajes... las islas de Irlanda son la última palabra en ocio

Irlanda no se acaba en la costa. De hecho, el final de la tierra firme no es más que el principio de otra aventura, el trampolín para cruzar el Océano Atlántico o Mar de Irlanda hacia alguno de los secretos mejor guardados del país. Estas románticas peñas ni siquiera están tan lejos como parecen. A algunas se llega cruzando un simple puente y otras no están a más de 20 minutos en ferry.

Las islas de Irlanda llevan siglos cautivando la imaginación. En Skellig Michael los primeros monjes cristianos resistían las tormentas en cabañas con forma de colmena. Grace O'Malley, la reina pirata del siglo XVI planeaba en estas islas sus ataques.

Las islas han inspirado también a numerosos artistas; La isla de Sherkin ofrece incluso su propia titulación en artes visuales.

Tanto si haces una excursión en kayak para ver los grabados religiosos de la Isla White en Fermanagh como si tomas un ferry para ir a las islas Aran, el efecto siempre es el mismo. Las islas de Irlanda están plagadas de pueblos desiertos, monasterios en ruinas, acantilados vertiginosos y pájaros hibernando.

Son el refugio de la lengua gaélica. Y a pesar de las apariencias, gracias al Wifi y al 3G puedes estar conectado como siempre incluso en el más espléndido retiro.

El hombre de Aran

Cuando no hace mucho los mejores especialistas mundiales en salto desde acantilado se lanzaron desde Inis Mór al Serpent's Lair (un agujero casi perfectamente rectangular en el lecho rocoso del acantilado), la gente no podía creer lo que estaba viendo.

Pero las Islas de Aran, en el oeste de Irlanda, tienen la habilidad de ponerse en el candelero. Al fin y al cabo fue aquí donde Robert O'Flaherty filmó su documental "El hombre de Aran". Y aquí fue donde se filmó la serie de Channel 4 Father Ted; aquí se halla también el yacimiento de Dún Aonghusa, uno de los fuertes prehistóricos más importantes de la isla.

El tipo del cable

Aunque llegar a la mayoría de las islas de Irlanda es sencillo (a Achill y Valentia se llega en cuestión de segundos por puente), algunas en cambio tienen un acceso peculiar.

Y ninguna más peculiar que la Isla de Dursey, el pequeño hogar de un reducido grupo de habitantes; y también el enclave de la torre de señales construida hace 200 años en el extremo de la península de Beara en Cork como primera línea de defensa ante la amenaza de una invasión francesa.

Para llegar a Dursey hay que utilizar el único funicular de Irlanda. Sus cables atraviesan en diez minutos un angosto pero traicionero estrecho de 250 metros.

Rathlin, el extremo Norte

En el extremo de Irlanda se halla su isla más boreal: Rathlin. Moteada de aulagas de color amarillo brillante y salpicada de rollizas focas, Rathlin es un auténtico paraíso.

Los ferries zarpan hacia el islote desde el precioso pueblo de Ballycastle, y la vista de los acantilados en escalera al acercarse es inolvidable. Es necesario hacer mención especial de la humilde pero preciosa iglesia, rodeada de vegetación para mayor serenidad.

¿No es eso lo que debe ser una visita a una isla? Serenidad: un lujo difícil de conseguir hoy en día.