Desentraña la legendaria historia del Titanic en la atracción más visitada de Irlanda del Norte.
Te damos la bienvenida a la casa del Titanic, una estructura brillante con revestimiento de aluminio con la forma del barco. Se encuentra en lo alto de las históricas gradas donde «el barco de los sueños» tomó forma a principios del siglo XX. En el interior, puedes elegir entre visitas autoguiadas, guiadas y privadas, que abarcan desde la floreciente ciudad de Belfast hasta el fatídico viaje inaugural del Titanic el 15 de abril de 1912, cuando chocó contra un iceberg y se hundió, cobrándose la vida de más de 1.500 pasajeros y tripulantes. Es la historia definitiva del trágico RMS Titanic.


Recreación de un camarote de primera clase en Titanic Belfast
En la visita autoguiada descubrirás a la multitud de artesanos que construyeron el barco más grandioso que el mundo había visto jamás. A lo largo de las galerías, algunos objetos conmovedores recuerdan el coste humano: aquí, uno de los pocos chalecos salvavidas que quedan; allí, un reloj de bolsillo que se detuvo a las 01:37, cuando se sumergió en las heladas aguas del océano Atlántico.
La exposición también explora el legado perdurable del barco y la extraordinaria búsqueda de su lugar de descanso final en las profundidades del océano. En el exterior, puedes subir a la misma grada desde la que se botó el Titanic y visitar el Jardín Conmemorativo, donde se recuerda a las personas que perdieron la vida aquella fatídica noche de abril.


Salmón del Conocimiento: el Big Fish, Belfast
Más allá del Museo, hay mucho que ver y hacer en el barrio del Titanic. Recorre la Milla Marítima y no te pierdas el Big Fish y el Great Light, entre otros lugares de interés marítimo. ¿Te apetece una copita? Pásate por la cercana destilería Titanic Distillers en Thompson Dock, la primera destilería de whisky nueva de Belfast en casi 90 años.
Incluso puedes alojarte en esta zona, en el Titanic Hotel Belfast, el hotel más auténtico del mundo dedicado al Titanic. Por supuesto, no olvides fotografiar las emblemáticas grúas amarillas de Harland & Wolff en el astillero, a las que los lugareños han apodado Sansón y Goliat, debido a su imponente presencia en el horizonte.