El Triángulo Vikingo de Irlanda

En el siglo VIII, Irlanda recibió una visita inesperada. Los vikingos llegaron del norte, navegando en magníficos barcos en busca de tesoros inimaginables y luchando contra los jefes tribales de Irlanda. Cambiaron para siempre la historia de la isla

Viaja por los condados del Triángulo Vikingo, Waterford, Wexford y Kilkenny en el Ancestral Este de Irlanda y verás el legado de los vikingos allá donde mires, desde los topónimos hasta los edificios y tesoros que dejaron atrás. Los vikingos llegaron a Irlanda para saquear, atraídos por la riqueza de monasterios repletos de oro. Pero al pasar el tiempo, se asentaron, forjaron alianzas, establecieron rutas comerciales con Europa y se convirtieron en una parte vital de la historia de Irlanda.

Waterford

Con una rica historia y folclore, Waterford es una de las ciudades más antiguas de Irlanda: una mezcla de calles estrechas, murallas medievales y encantadores cafés. Fundada en 914 por pobladores vikingos, el nombre de la ciudad proviene de la palabra nórdica "Veðrafjǫrðr", que significa "fiordo ventoso". Desde su origen humilde, Waterford creció hasta convertirse en un pujante puerto medieval, que dominó el comercio entre Irlanda y sus vecinos europeos durante siglos.

La torre de Reginald en Waterford es el edificio cívico más antiguo de Irlanda, usado de forma continuada desde hace más de 800 años.

Museo de los Tesoros de Waterford (Waterford Treasures Museum)

Aunque Waterford puede considerarse como una ciudad pequeña, tiene una gran reputación por ser uno de los centros más importantes de la historia vikinga. Incluso tiene su propio Triángulo Vikingo, que incluye un trío de museos conocidos como los Tesoros de Waterford, Waterford Treasures. En el Museo Medieval encontrarás el Waterford Kite Brooch, un broche con forma de cometa que es uno de los últimos ejemplos que quedan de joyería vikinga. A metros de allí está la torre de Reginald, una fortaleza de piedra que lleva el nombre del que dicen fue el vikingo que fundó la ciudad.

También está el elegante Bishop's Palace, o palacio del obispo, de estilo georgiano. Allí puedes explorar la historia más tardía de Waterford y admirar la pieza más antigua en existencia de Waterford Crystal (que data de 1789).

Wexford

Cuentos marinos, personajes tumultuosos y siglos de historia han quedado grabados en Wexford. Y los vikingos tuvieron un papel protagonista en aquella historia de principios del siglo IX al establecer un pequeño asentamiento en la desembocadura del río Slaney, que llamaron "Ueigsfjord", o "el fiordo de la isla anegada".

Hoy en día podemos ver su legado de forma menos obvia, ya que la población local sigue llevando muchos de sus nombres, como es el caso de apellidos como MacAuliffe (hijo de Olaf) y MacManus (hijo de Magnus).

Los vikingos pasaron 300 años haciendo de Wexford una auténtica población vikinga. Trabajaron como comerciantes, se convirtieron en aliados de los reyes gaélicos locales y se ofrecieron como mercenarios. Se puede seguir viendo su influencia al pasear por las calles serpenteantes del centro urbano, y siguiendo las estrechas callejuelas que descienden hacia el muelle. Al ser una población vikinga, todas las vías llevan al agua.

Si quieres vivir el esplendor del Wexford más animado, asegúrate de visitar durante el Festival de Ópera de Wexford, que se celebra todos los años desde 1951.

Kilkenny

La historia de Kilkenny se remonta a principios del siglo VI, pero su legado vikingo está enterrado profundamente bajo tierra. La ciudad en sí no contiene archivos de ningún ataque vikingo, probablemente porque formaba parte del poderoso reino de Ossory, que ganó en poder durante la época vikinga. Incluso la iglesia de Kilkenny, ahora llamada la catedral de San Canice en el Medieval Mile de la ciudad, fue respetada por los invasores nórdicos. Pero muchos otros lugares no corrieron la misma suerte.

Según los antiguos anales, las cuevas de Dunmore en Castlecomer cuentan una lúgubre historia. Dicen que aquí se produjo una masacre de mil personas, en su mayoría mujeres y niños de una tribu local, a manos de los vikingos en 928.

En este lugar de Kilkenny quedó todavía más arraigado el legado vikingo cuando un guía turístico encontró un gran tesoro de plata y bronce en la década de 1990. Entre las piezas que se encontraron estaban los botones de una capa, descritos por algunos como un caro accesorio de la moda vikinga de la época.

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