Pero al igual que le ocurre en la vida real al castillo de Highclere, donde se ruedan las aventuras del personaje creado por Julian Fellowes, el Conde de Grantham, toda mansión debe buscar su forma de sobrevivir en el siglo XXI.
Y afortunadamente para aquellos de nosotros con ansias de revivir el glamour que hubo en la época del Titanic, muchos de los propietarios de estas mansiones las han abierto para huéspedes dispuestos a pagar por verlas...
Hoy en día, "recibimos grupos que vienen a cazar o pescar y que ya se conocen entre sí, lo cual es más fácil porque nosotros realmente participamos como anfitriones cuando la gente viene a quedarse".
El alma del edificio
Pero no solo hay razones económicas. Emily Bunbury, cuya familia política adquirió Lisnavagh, en el Condado de Carlow en 1702, dice que los huéspedes son esenciales para el alma del edificio. "Se puede sentir en cuanto entras: A Lisnavagh le encanta una buena fiesta. Si no fuera así, correría el peligro de empezar a parecer un museo".
Historia viva
Entonces, ¿cómo se siente uno con extraños en el salón de casa? "¡Ocupado!" se ríe Alex Durdin-Robertson, cuya familia lleva viviendo en el castillo de Huntington en Carlow desde que se construyera en 1625. "Tenemos dos niños de menos de dos años, cuatro perros y un par de cerdos vietnamitas. Aunque no hubiera huéspedes, ¡sería un caos!"
Aún así, vivir en un tesoro nacional obliga a hacer malabarismos. "De una parte, es un castillo de 400 años, pero de otra, es donde vivimos. A las seis se vuelve a convertir en nuestro hogar".
Hogares en mansiones
Criarse en un castillo fue muy divertido, admite Alex: "Solíamos escondernos debajo de una cama con dosel y nos reíamos cuando pasaban visitantes. ¡Probablemente creyeran que la casa estaba encantada!"
Pero dejar a niños pequeños a sus anchas en un sitio así conlleva sus riesgos. "Una vez, le di una patada a un balón y tiré una copa de vino tinto...se desparramó por toda la pared", recuerda Fred. El resto de los mortales lo solucionaríamos con un paño húmedo, pero en una casa como Hilton Park, no es tan sencillo.
"El papel pintado en uno de los dormitorios incluso está protegido por su valor histórico", dice Fred. "Afortunadamente, esto ocurrió en una sala para la que teníamos un rollo de de papel de reserva, así que pudimos reparar los daños. ¡Después de eso tuve más cuidado!"
Los meses de mayor actividad en Colebrooke son durante el invierno, época de caza, mientras que otras casas abren durante el verano. Pero en todas ellas, cuando llega el final de la temporada, se cierran las puertas.
Emily Bunbury se hace eco del sentir de todos los propietarios cuando bromea, "para entonces la casa necesita unas cuantas semanas de descanso...¡y nosotros también!"
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