Posdata: Te quiero Kylemore

Memorial church for Margaret Vaughan, Kylemore Abbey, County Galway
Memorial church for Margaret Vaughan, Kylemore Abbey, County Galway

El trágico romance de Posdata: Te quiero sigue vivo. Una página de Facebook que gusta a más de 130.000 fans y de la que se derraman mensajes de romanticismo. Pero si pensaban que esa era la Irlanda romántica...todavía no han visto nada

Antes de que el cantautor norteamericano Steve Earle encontrara la suya deambulando por las calles de la ciudad; mucho antes de que Gerard Butler conquistara el corazón de Hilary Swank con la canción de la película Posdata: Te quiero, hubo otra Chica de Galway. En realidad era del Condado de Down, pero la trágica historia de Margaret Vaughan quedará para siempre ligada a Galway, ya que se convirtió en la inspiración de la iglesia gótica que hay detrás de la abadía de Kylemore.

Pero nos estamos adelantando. Antes de la tragedia, hubo amor.

Estamos en 1852. Un financiero de éxito, Mitchell Henry, y su nueva esposa, Margaret Vaughan, están pasando su luna de miel en Connemara. Los recién casados disfrutan de un almuerzo al aire libre en el townland (una pequeña zona  geográfica que se usa únicamente en Irlanda) de Kylemore. Allí sentados, Margaret comenta lo bella que es la zona. Lo estupendo que sería vivir allí. Trece años más tarde se levanta un castillo, mirando sobre el agua cristalina del lago de Connemara.

Lujo es una palabra demasiado pequeña como para describirlo. En su libro Irish Country Houses, Terence Reeves-Smyth compara la dimensión del castillo con el Xanadú de Citizen Kane, describiendo sus muchos salones para recepciones e incluso un salón de baile con suelo flotante, una magnífica escalera, biblioteca, un estudio y 33 dormitorios... Durante casi 10 años, Mitchell y Margaret vivieron allí con sus nueve hijos en un estado de felicidad absoluta, según todas las versiones.

Pero entonces, en 1875, durante un viaje a Egipto, Margaret contrae una fiebre y muere súbitamente. Mitchell, desconsolado, no soporta pasar mucho tiempo en Kylemore y lo evita siempre que le es posible. Sin embargo, aún con el corazón roto, decide construir para su esposa el mausoleo más elegante que pueda comprar con su fortuna.

Un tributo

Alguien que conoce muy bien Kylemore es Brid O'Connell, su gerente. Para Brid, la iglesia es mucho más que un mausoleo. Es un tributo. "En Kylemore, las gárgolas que se suelen ver en iglesias góticas son ángeles sonrientes", según explica. "A mí, eso es lo primero que me hace pensar que esta iglesia tiene algo especial y diferente. Fue construida en memoria de una mujer: su tamaño reducido, rasgos delicados, las flores y los pájaros que se han esculpido, son sin duda cualidades femeninas".

Una historia de amor secreto

Pocos visitantes conocen la historia de Kylemore y la razón por la que fue construida. Brid le ha narrado la historia a miles de visitantes.

"La historia les asombra y les entristece a la vez" nos cuenta. "Margaret solo tenía 45 años cuando falleció, dejando atrás a su marido y sus nueve hijos, todos con el corazón roto".

Es un relato sobrecogedor. Para Mitchell, la abadía de Kylemore, que fue una obra de amor, se convirtió de pronto en un recordatorio perenne de la mujer que perdió. La suya, y de Kylemore, es una historia de amor sin cartas de ultratumba y sin "flashbacks" cuidadosamente montados. Esto no es Hollywood, es la realidad.

Sin embargo, como diría cualquier buen escritor, toda historia necesita de un buen final. El de Mitchell y Margaret llegó cuando él falleció en 1910, uniéndose a su esposa en la iglesia gótica de Kylemore.

Y allí siguen descansando. Felices para siempre.