Dublín

Hogar del Libro de Kells, del humor ácido, gran craic y momentos de un encanto que desarma, Dublín es una pequeña capital con un enorme corazón

Looking out from Dun Laoghaire pier
Looking out from Dun Laoghaire pier

Este lugar no necesita de introducciones. Al fin y al cabo, Dublín es el hogar del "Black Stuff" (Guinness), del Libro de Kells y de la estatua de Molly Malone, cuyo busto resplandece en mil millones de tarjetas postales. Alberga algunos ejemplos de la mejor arquitectura georgiana de la isla y puede presumir de una sobrecogedora lista de cosas que no puedes dejar de hacer.

Posing outside the Guinness Storehouse
Posing outside the Guinness Storehouse

El único problema que encontrarás en la capital de la República es decidir qué omitir de tu visita. Dublín tiene un zoo fantástico, la Catedral de la Santísima Trinidad, del siglo XI, y una gran cantidad de pubs literarios que se benefician de su categoría como una de las cinco únicas ciudades literarias del planeta, designadas por la Unesco.

Puedes alzar tu pinta para brindar por escritores como James Joyce, o explorar la vida y obra del poeta WB Yeats en la Biblioteca Nacional.

¿Quieres un consejo? Combínalo todo. Hay mucho más en Dublín que el Trinity College y Temple Bar.

 

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Además del Museo Nacional, ¿qué te parece una excursión al pequeño museo de Dublín o el Museo de los escritores de Dublín? ¿Sabías que puedes comprar una pastilla de jabón de limón en la droguería Sweny's Chemist, igual que hizo Leopold Bloom en las páginas de Ulises hace un siglo? 

La línea costera de la capital Aunque es fácil quedar atrapado en el centro de la ciudad, también merece la pena recordar que Dublín es una capital rodeada de montañas y de mar. Monta en el tren suburbano Dart y en un momento estarás en el norte paseando por los acantilados que rodean Howth, o dirígete al sur a los pueblos costeros de Blackrock, Monkstown, Dun Laoghaire, Glasthule, Dalkey y Killiney. Es en estas joyas a la orilla del mar donde encontrarás algunos de los mejores mariscos de la ciudad, festivales frente al mar y playas de arena.

Recientemente, la bahía de Dublín sedujo tanto a dos visitantes acuáticos, que decidieron alargar indefinidamente su estancia... estos dos residentes son delfines. Presta atención y los podrás ver jugando en la estela de yates o de surfistas de "surf de remo" mientras se deslizan por el muelle victoriano de Dun Laoghaire y la histórica isla de Dalkey.  

Una ciudad dinámica

No se puede entrar dos veces en el mismo río, dijo una vez el filósofo griego Heráclito. 

Lo mismo pasa con Dublín... la ciudad está cambiando constantemente, cerrándose una puerta para que se abran varias más. Si la visitas ahora, encontrarás estupendos boutiques a la última, bares de la vieja escuela y diseñadores creando una escena urbana en Smock Alley o South William Street. 

Si vuelves un año más tarde, podrás encontrar una onda totalmente nueva en otra parte de la ciudad, alimentada por los fashionistas y baristas del futuro. 

"Mejor pasar audaz al otro mundo, en el apogeo de una pasión, que marchitarse consumido funestamente por la vida" como escribió James Joyce, el hijo literario más famoso de Dublín. 

Parece ser que esta ciudad decadente le está tomando la palabra.

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