Harry Potter y los acantilados

Harry Potter and the Half Blood Prince
Harry Potter and the Half Blood Prince

"Ser yo tiene sus privilegios". Dumbledore no bromeaba. Ser director de Hogwarths, la escuela más famosa del mundo de magia y hechicería, además de una de las mentes más privilegiadas de la magia moderna, tiene sus ventajas

Una de las ventajas de las que Dumbledore disfruta especialmente es la envidiable capacidad de transportarse a sí mismo y también al mago más famoso del mundo (Harry Potter) a una posición estratégica sin igual: delante de los acantilados de la costa oeste de Irlanda.

Harry anda a la busca de horcruxes. Los imponentes acantilados negros se ciernen, amenazadores, por encima de la niebla y del lóbrego y agitado mar. Sus ojos denotan tal sorpresa tras sus lentes que se diría que acaba de ver a “el que no debe ser nombrado”. Tanto su vida como la de Dumbledore están en peligro. Estamos ante una de las escenas cinematográficas más impactantes… Aquí solo vale la épica.

Es cierto que hay acantilados en cualquier isla, y que incluso pueden generarse por ordenador. Entonces… ¿Por qué elegir Irlanda? ¿Por qué el Condado de Clare? ¿Por qué Moher?

Belleza vertical

Katherine Webster, directora del centro de interpretación de los acantilados de Moher, tiene una teoría: "Lo que hace diferentes a estos acantilados es su verticalidad y su altura. Eso y los espectaculares ocho cabos que se prolongan en la distancia."

Naoise Barry, de la Junta del cine de Irlanda, está de acuerdo . "En pocas palabras, tienen un carácter rabiosamente único" nos dice. No hay otros iguales en ningún rincón del mundo. Ver unos acantilados de tal magnitud en la pantalla grande es una experiencia que te atrapa."

De "¡acción!" a alucinante

Claro que el camino que va de la primera toma a la pantalla del cine es largo y arduo. Las cumbres borrascosas, el furioso mar y el arañazo del viento oceánico en el rostro pueden intimidar bastante. ¿Cómo saber si esta atmósfera tan envolvente se reflejará en la película?

El cámara y productor Dave Davin nos da algunas pistas: "Los acantilados de Moher ponen a disposición del director de fotografía un escenario a escala real de una belleza indescriptible. Tanto si se filman desde la base como desde la cumbre, el resultado es espectacular. Así, los actores no tienen que actuar delante de ninguna pantalla gigante de color azul o verde e imaginar cómo sería la imagen generada por ordenador de acuerdo con las indicaciones del director."

El valor de lo auténtico

Ese es el secreto: los acantilados de Moher son reales. Casi 13 kilómetros de realidad pura y dura, y 214 metros de altura. Es un lugar tan auténtico y real que podemos visitarlo siempre que queramos.

Al final resultará que Dumbledore no es el único que tiene ciertos privilegios…