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Cosas que hacer en Dublín que nadie te había contado

Últimamente, me ha dado por ofrecer consejos a todas las personas con acentos desconocidos que me encuentro por Dublín. Como a la mayoría de los lugareños, me encanta ayudar (los dublineses somos unos sabelotodo incorregibles).

No hace mucho, entré en el Trinity College y vi a un montón de gente haciendo cola en la plaza que da acceso a la antigua biblioteca y el Book of Kells. Haciendo gala de mi condición de dublinesa de pura cepa que todo lo sabe, quise informarles de que los lugares más famosos no son siempre los que más merecen la pena.

Recientemente, una periodista del Toronto Star que estaba de visita en Dublín dijo que le habían metido mucha prisa para ver el Book of Kells, pero que para ella fue un placer pasear tranquilamente por la menos conocida Chester Beatty Library donde “pude examinar detenidamente la enorme colección de libros antiguos y manuscritos iluminados en una soledad casi completa durante todo el tiempo que quise”.

Lo cierto es que siempre existen buenas alternativas menos conocidas y aquí estoy para desvelarlas.


Las vistas: Gravity Bar vs. Skyline Tour

Sí, ya sé que la Guinness Storehouse es el primer lugar señalado en tu mapa. Y sí, es cierto que tomarse una pinta en el Gravity Bar magníficamente acristalado mientras contemplas los tejados de la ciudad es la guinda perfecta para la visita. He estado allí, y he escrito sobre ello.

Pero existe una alternativa muy interesante y gratificante justo en la otra orilla del río.

Croke Park es el estadio más grande de Dublín. Cada año, acoge a más de 1,5 millones de personas que acuden a presenciar partidos, conciertos, eventos y conferencias y tiene una altura de 17 pisos. Mi sugerencia es que te subas al tejado. Es uno de los dos estadios del mundo (el otro es la villa olímpica de Múnich) en los que se puede pasear por el tejado. Atrévete a subir para disfrutar del Croke Park Skyline Tour, donde podrás contemplar el paisaje urbano, desde los campanarios de las iglesias hasta las cúpulas del palacio de justicia, desde las montañas hasta la bahía de Dublín. Y para ayudarte a reconocer las catedrales, las iglesias y hasta las nubes, las audioguías describen los lugares que puedes contemplar desde cada una de las plataformas de observación.

La parte más aterradora emocionante llega cuando la plataforma sobresale del tejado y se abalanza directamente hacia las gradas… cuando entre tú y el campo no hay más que 17 pisos de aire. Después, se balancea suavemente y es entonces cuando te juras por lo más sagrado que jamás volverás a aceptar las sugerencias de un dublinés. De cualquier modo, son dos horas que nunca olvidarás. Lleva zapatos planos, abrígate bien y, por lo que más quieras, sujeta fuerte la correa de la cámara de fotos.

Las visitas turísticas: autobús turístico vs. experiencia local

El autobús turístico es un elemento imprescindible de cualquier ciudad que se precie: uno compra su billete y se despreocupa, es imposible perderse y entre atracción y atracción se puede descansar cómodamente sentado. Mi sugerencia no incluye ninguna de estas ventajas. Solo tiene lugar de vez en cuando, hay que ir andando a todas partes y uno no tiene ni idea de lo que va a ver. Pero, ¡santo cielo!, es maravillosa.

Cuando me apunté a la “Experiencia Lecool” durante el festival de Bram Stoker del mes de octubre, el tema era el terror. Michael, el guía, nos dijo a los allí presentes que se había devanado los sesos pensando dónde llevarnos. Seguidamente, cruzamos la carretera y entramos en una funeraria. Después de hablar con el director de Massey Brothers, revivir una escena de Dos metros bajo tierra y formular esas preguntas que uno siempre quiso hacer al director de una funeraria, le seguimos hasta la puerta de acero de un almacén situado en Meath Street. Llamó con los nudillos y todos nos estremecimos. La puerta se abrió y dentro vimos un montón de monstruosos rostros, nos encontrábamos en un estudio de efectos especiales. Aoife y Ben, del Bowsie Workshop, nos enseñaron las instalaciones y nos hablaron sobre algunos de los modelos y las caretas más horripilantes, como los que se habían usado para la película Stitches.

Nuestra última parada fue una cripta. La verdad es que en una ciudad gótica como Dublín, resulta difícil no toparse con tétricos lugares de fría piedra. Caminamos resueltamente hacia Christchurch, donde nos leyeron teatralmente un relato corto de Bram Stoker. La siguiente visita será totalmente distinta, pero seguro que estará repleta de sorpresas, iniciativas nuevas y lugares tan especiales que ni siquiera los lugareños conocen. Ni siquiera yo.

Museos Nacionales de Irlanda vs. Little Museum of Dublin

Querido lector, hablaré claro. No podría decirte que dejaras de visitar uno de nuestros museos nacionales sin que una gigantesca guía de viajes callera del cielo cerrando mi bocaza para siempre. Los museos nacionales de Dublín (el de Arqueología en Kildare Street, el de Historia natural en Merrion Street y el de Historia de las artes decorativas en Collins Barracks) son magníficos. Son gratuitos y entre todos cuentan 9000 años de historia de la isla.

Sin embargo, me encantaría que conocieses un museo mucho más modesto. A diferencia de esos gigantescos edificios georgianos, este museo solo ocupa dos salas. Además, no cubre más que una pequeña parte de nuestra historia, el Dublín del siglo XX. La mayoría de los objetos expuestos son donaciones, por lo que el museo parece más un albergue de rarezas que un archivo. Bienvenido al Little Museum of Dublin. Uno de los objetos más preciados es el atril que el presidente John F Kennedy utilizó para pronunciar sus discursos durante su visita de 1963. En realidad, no es más que un atril de partituras trasladado apresuradamente al Dáil cuando se dieron cuenta de que no había atril.

Algunas de las maravillas que podrás contemplar allí son: un ejemplar de la primera edición del Ulysses que data de 1922, una escuálida guía telefónica de 1962 (que incluye instrucciones para marcar) y una foto de Muhammad Ali antes de su combate en el Croke Park de Dublín en 1972. Si tienes tanta suerte como yo, algún anciano lugareño formará parte del grupo y te contará un montón de recuerdos y vivencias personales de aquella época.

¿Me he dejado en el tintero cosas originales que hacer en Dublín? ¡Cuéntamelas! ¡Me encantaría conocer tus sugerencias!

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